Thibaut Courtois se aleja del derbi a medida que pasan las horas y la inquietud crece en el entorno blanco. Lo que empezó con la sensación de una simple sobrecarga en el Etihad ya no se percibe igual.

Las primeras exploraciones señalan una posible rotura en el aductor derecho y la gran incógnita pasa por el alcance exacto. De ese grado dependerá incluso si su presencia en los cuartos de Champions puede verse comprometida o no.

La hoja de ruta está marcada: este miércoles ha quedado como día de descanso, una pauta habitual acordada entre el portero y los médicos para que baje la inflamación inicial y las resonancias ofrezcan una imagen más precisa. Courtois, que regresó de madrugada con la expedición, ha permanecido en casa y el jueves por la mañana se someterá a pruebas. “Veremos”, deslizó en los pasillos del Etihad.

En ese momento no había cojera, algo que calmó en parte. Sin embargo, las sensaciones posteriores han ido a peor y, aunque no se habla de alerta roja, el escenario empieza a teñirse de preocupación. En clave inmediata, sus opciones de estar en el Bernabéu este domingo son mínimas y ya asoma la alternativa: calienta Lunin.

El origen del problema se sitúa antes del encuentro frente al City. Durante los ejercicios de calentamiento, el guardameta notó un pinchazo leve, asumible, y lo comunicó a los servicios médicos en el vestuario. Tras una revisión rápida, decidió jugar por la importancia del partido. Pero al llegar el descanso —con empate y superioridad numérica— se optó por el cambio para evitar que la molestia fuese a más.

Entonces se interpretó como una sobrecarga, pero el paso de las horas abre la puerta a un diagnóstico mayor. Este jueves se realizará más pruebas y habrá parte médico oficial y tiempo de baja.